Las tres visiones de la religiosidad en la Antigua Grecia

Las tres visiones sobre el sentido de la vida y la religiosidad en la Antigua Grecia

La extraordinaria civilización griega se caracterizó por un férreo afán de aprender. Esto queda expresado en que la Filosofía, madre de todas las ciencias tuvo sus orígenes en ella. Los griegos se sintieron movilizados por un gran compromiso: el de comprender todo a su alrededor y al mismo tiempo comprenderse así mismo.

En esta ocasión queremos hablar de su concepción sobre el sentido de la vida y la religiosidad. En este punto queremos compartirle al lector, que Grecia se ha nutrido de muchas culturas y tradiciones a lo largo de su historia, con la particularidad de introyectarlas y realizar un proceso de re-elaboración de las mismas. Si algo queda claro en toda su historia es que la divinidad está presente en todo, es parte del juego universal de los elementos.

Podemos detectar tres tipos visiones de la religiosidad en la Antigua Grecia: La Olímpica, la Mística y la Mistérica. Vamos a expresar en este artículo las características más significativas de cada una de ellas, exponiendo sus mayores influencias. Les anticipamos, la concepción griega sobre lo divino es abierta, múltiple y diremos también contradictoria, para quienes tenemos una concepción occidental sobre estas cuestiones

 Religiosidad en la antigua Grecia

Religiosidad Olímpica

El mundo de los dioses olímpicos se presenta muy ordenado, pues este orden es una herencia del encuentro entre la civilización griega y las tradiciones indoeuropeas y semita de la Mesopotamia. Cada dios, tiene un lugar en el universo, posee un poder determinado y tiene una función específica. Existe una clara distinción, diremos abismo, entre el mundo de los dioses y el de los humanos. 

El culto olímpico  se apoya en la Poesía Homérica.

Hesíodo define al Kháos como el origen de todas las cosas, tratándose de aquella abertura originaria de la que todo procede, cuyo fondo no puede alcanzarse, sus raíces no tienen límite y crece por si mismo. En otro momento, el filósofo menciona que tanto los dioses como los mortales poseen un mismo origen, ubicando a este en "Gea", ambos proceden de la Tierra. Si bien constituyen distintos tipos de razas, son receptoras del aliento de una sola madre. La figura de la Madre-Tierra/Tierra-Madre es el principio universal del que todo surge y al que todo retorna, es ella la que engendró al Cielo y también así misma.

Mas allá de sus diferencias, hombres y dioses conviven hasta que en un momento dado se produce una distancia entre ellos. Distancia que se desenvolvió en términos amigables. Luego la historia los vuelve a reunir mediante el ofrecimiento del primer sacrificio. Un sacrificio que terminó en traición, pues Prometeo, un dios primordial que gobierna el mundo antes del tiempo de los olímpicos, engaña a Zeus, entregándole la parte más codiciada del toro sacrificado a los hombres. Esto enfurece a Zeus y castiga al hombre quitándoles el fuego. Prometeo vuelve arremeter contra Zeus, y le roba el fuego y lo esconde. Zeus indignado lo castiga, encadenándolo. Un águila a diario, se come su hígado, pero por la noche este se regenera. Así sucede, hasta que Prometeo es liberado por Heracles. El relato de Pandora también parte del castigo del dios Zeus. La mujer, cae en la curiosidad de saber que había en la misteriosa caja, y al hacerlo se desata por todo el mundo todas las desgracias.

Con el relato de estos mitos queremos manifestar que los hombres se encontraban exentos de participar y disfrutar los privilegios de la raza de los dioses. Los Dioses, según expresa Homero, eran seres felices, su vida era fácil, despreocupada, vivían en lo alto en el Monte Olimpo y eran inmortales. A ellos no los tocaba ni el dolor ni la muerte, vivían en estado festivo, del cual los hombres eran su instrumento.

Para los dioses todo es gobernado por el destino, ellos lo conocen mejor que nadie, por eso lo respetan, y fluyen según sus leyes. Cuando un hombre quiere ir en contra del destino, lo castigan pues ellos saben de las consecuencias que le advienen a quienes se revelan.

Ahora bien, si has leído alguna vez la poesía homérica, sabrás que está lleno de historias de hombres especiales, héroes que contradicen tanto a los dioses como al destino. Saben a lo que se arriesgan, pero no eligen vivir del modo que se espera de ellos, por el contrario, ávidos de aventura se lanzan a una vida heroica, en virtud de la justicia. Aun sabiendo que les espera un final infeliz, su muerte será recordada como extraordinaria. Vale aclarar que rara vez, estos héroes alcanzan la Isla de las Bienaventuranzas.

Podemos resumir,  que la religiosidad Olímpica está sostenida en la figura idealizada de los dioses. El héroe actúa como un modelo para los hombres. En esta primera etapa, puede visualizarse que la existencia es arrebata de toda energía vital después de la muerte. Podemos decir que en el reino de los muertos la vida se continua en forma de un fantasma.

La poesía homérica fue elaborada por espíritus especiales y selectos, pero cuando fue declarada oficial se transformó en la educadora de todo el pueblo.


La religiosidad Mística y Mistérica

La religiosidad mística y mistérica, fueron enriquecidas con los cultos: dionisíaco, órfico, pitagórico y eleusiano. A diferencia de la olímpica que fue nutrida por el espíritu mesopotámico, estas recibieron el influjo de las culturas mediterráneas.

Esta etapa constituyó el segundo despertar griego, donde lo que asumió peso es la regeneración, la continuidad de la existencia similar a la ya vivida. Esto se contrapone a la vida fantasmagórica que  sucede a la muerte en el culto olímpico.

La regeneración es un ciclo donde lo que ha sido separado de la fuente primordial, vuelve a reunirse a ella. Para poder comprender lo que expresaremos a continuación, definimos como:

Hades: el reino infernal del que hablara Homero, y un lugar de tránsito y transmigración de almas diremos en los cultos místicos y mistéricos. 

Cielo: es el lugar idílico, La Isla de los Bienaventurados o El Olimpo, una vida en compañía de los dioses.

Dioniso, el dios mortal

Comencemos hablando del dios Dioniso, Homero lo llama el delirante. En los relatos míticos, se lo considera hijo de Zeus (dios) y de Sémele (mortal), cuyo nombre significa tierra. Dioniso, como dios de la vegetación: vive, muere y resucita. Sin embargo, en la poesía homérica se le resta importancia, por su doble y polar constitución. Para Homero, la locura que caracteriza al dios Dioniso, nubla la conciencia de los  hombres, haciéndoles cometer actos terribles. Pero lo que subestimó la poesía homérica fue revindicado por los cultos místicos y mistéricos. Para ellos, la locura era también enviada por los dioses, y poseía efectos buenos e inspiradores. Fiel reflejo de esto eran las sacerdotisas y los adivinos de los diversos oráculos.

Culto de Eleusis y el rito de los iniciados

El culto de Eleusis nos permite comprender los secretos de las iniciaciones del culto mistérico. De allí que compartan en el Rito Iniciático la prohibición de ingesta de cierto tipo de alimentos como la carne, no tomar vino, no incluir  a quienes tienen las manos impuras (por haber cometido algún crimen). Y algo muy  importante la presencia de una visión que es también un saber. El iniciado, alcanza a través de los misterios una vida plena, al bajar al Hades, se libera de toda clases de males que alcanzan a quienes no conozcan estos ritos.

Como vemos el culto mistérico y olímpico tienen miradas distintas sobre lo que sucede después de la vida, mientras uno habla de una plenitud, el otro habla de vivir tras la sombra de un fantasma.

El himno a Demeter

Este himno nos habla del conflicto entre los cultos mistéricos y olímpicos.

Demeter, una diosa del Olimpo, abandona todo por ir en busca de su hija Kore raptada por Hades. Todos, le aconsejan que se resigne frente a la voluntad de los dioses. Ella firme en sus convicciones sale en su búsqueda. Al hacerlo la fecundidad de la tierra se ve interrumpida y un crudo invierno azota a los hombre y a los dioses también. Zeus intenta que desista de su misión, pero al no lograrlo envía un emisario al mismo Hades. La resolución final, fue que Kore pase un tercio de su vida en el Hades y dos tercios con su madres y los dioses. Al retornar, regresa la primavera. Pero como legado, Demeter dejó instalados los misterios  que prometen inmortalidad y felicidad a los iniciados.

Pitágoras, más que un filósofo

En cuanto a Pitágoras, ademas de filósofo, los griegos creían que vivía desde tiempos inmemoriales, pudiendo ausentarse durante años (y estar en el cielo) y regresar a la vida terrenal. Esto podía hacerlo en sucesivas reencarnaciones, ya que habría logrado la facultad de escindir el alma de su cuerpo y tras un proceso de metamorfosis, realizar toda clase de profesías y curaciones. Para los pitagóricos, el cuerpo es la prisión del alma. Al cumplir con la realización de ritos de purificación el alma finalmente lograba reintegrarse al cielo. Los números han sido una clave  en la doctrina de los pitagóricos  pues son considerados el principio de todas las cosas, en este sentido, todo el universo se encuentra regido por la armonía de los números.

El orfismo y las reencarnaciones

Finalmente, el orfismo sostiene la idea que un alma divina vivió en total plenitud en el cielo hasta que cayó a este mundo, producto de una falta que cometió. Al caer en este mundano lugar, se contamina con sus elementos por lo que será preciso la depuración para lograr recuperar la felicidad perdida. Esto da inicio al ciclo de sucesivas reencarnaciones. En el culto órfico la muerte, el dolor y la ignorancia son vividos como sucesos necesarios de atravesar hasta que puedan ser superados definitivamente. Es decir, la reencarnación se convierte, si se quieres en una forma de castigo por el que debemos transitar para poder restablecer nuestro contacto con la Gran Fuente.

Al llegar a este punto, queremos dejar expuestas las diferencias del culto místico respecto al mistérico, que como hemos visto en este desarrollo, tienen como base las mismas influencias culturales y tradicionales del mediterráneo. El ciclo de las regeneraciones se cumple en  ambos cultos pero lo hacen a través de medios distintos.

En cuanto al culto místico, considera que la vida es un continuo movimiento cíclico e ininterrumpido, al modo de un eterno retorno. Donde la liberación es natural. En cambio en la religiosidad mistérica evolucionan hacia lo que podemos llamar un proceso lineal, donde el alma al cumplir determinados ritos y un proceso de purificación acabará por liberarse del ciclo de sucesivas reencarnaciones para finalmente volver a vivir con los dioses. 

Tanto la religiosidad mística como la mistérica produjeron sus propios géneros de poesía que se constituyeron al igual que el culto olímpico en enseñanza oficial.

Palabras finales

Como anticipábamos al comienzo del artículo los griegos ávidos de aprender no tuvieron reparos en enriquecerse de todas las culturas con las que interactuaron. De dichos encuentros surgió una visión tan amplia, múltiple, rica y paradójica, que sin duda puso un sello en el modo de concebir la religiosidad en la Antigua Grecia.

Los olímpicos ven irreconciliables las diferencias entre dioses y hombres, pues jamás podremos estar a la altura de su inmortalidad. Los místicos, nos dicen que naturalmente volveremos a reunirnos con ellos.  Los mistéricos dirán que si cumplimos los ritos necesarios podremos volver a convivir con los dioses en nuestro primer hogar, el paraíso.

Siomara Gauna

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